Tenemos el don de no estar al acecho;
árboles caídos que no hicimos leña.
Tenemos nostalgia de usar santo y seña
y de no ser dignos de lo que se sueña.
Yo tengo la marca, Caín en mi frente,
vos tenés el ángel de ser lo que quieras:
vestirte de invierno en plena primavera,
conjugar los versos de Bequer o de Vega.
Tenemos anhelos tan espirituales
que obviamos la bronca, el llanto y el miedo.
Quizás temas nunca encuentres consuelo
quizás algún día no seas mi desvelo.
Yo me sé el derecho a tirar primero,
la piedra que insulte a todo soberano.
Lo haría sin culpa, ni esconder la mano,
lo haría por justo, por noble y en vano.
Callado en penumbras, tengo mil motivos
para no mostrarte cual es mi condena.
Tu nombre amotina la sangre en mis venas,
ambos merecemos laureles y olivos.














