con el pulso firme y también la mirada
con el ego marchito y la bronca tibia
con el pasado extinto y un porvenir en blanco
Llegar
con la guardia baja y las manos vacías
con la cara llovida y las neuronas sudorosas
con los dedos sin anillos, el alma sin
alhajas
y la certeza de la duda en tu respuesta
negativa.
Te vas
después de verterme tu ayer de soledad
de recargos prematuros y de culpas olvidables
después de halagarnos viéndonos extraños
tan indistintos, tan símiles en los ayeres de
hoy
y en los “te quieros” de mañana.
Nos vemos,
en otra espera de alma translúcidas
en otro viaje somnoliento de regreso
donde te veía florecer en la penumbra,
desenvolviendo
tu corola de pétalos carnosos
y
tu alma de mirada azul.
Nos vemos,
y contraigo el padecer
de
la certeza de la duda de tu respuesta positiva.
Juan
Mario Leivas

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