Del corazón, del alma o de mi puño...
sangrante y taciturno, ambulatorio,
parte este grito del oscuro invierno
en el que suele anidar mi amor y mi odio.
Cuando por doquier, encuentro rasgos
de virtudes nefastas en tu rostro,
clamo clemencia: para el "YO" vencido,
clamo la justicia: casi a cualquier costo.
Siendo tu sonrisa, calidez serena,
siendo tu pasado, crueles terremotos.
Siendo yo un esclavo de mis sueños rotos,
quiero ser futuro que drene tu pena.
Pero así, querida, no puede mi magia...
si en tus soledades, no está mi recuerdo...
si tus alegrías de hoy, yo me las pierdo,
si para tu amnesia, solo soy nostalgia.
No puedo o no quiero, no sé, no preguntes
apenas si atisbo a hallar un consuelo
para la mirada que alteró mi vuelo.
Esa, tu mirada, que en mi, no se extingue.
Y siempre habrá un pero, aparentemente
que trunque las vetas de amor florecientes,
porque ya he asumido ser sobreviviente,
porque en vos se cierne la culpa sirviente.
No llegará nunca ya, ese momento,
que a glosa lampiña, la verdad te grite,
diciéndote aquello que mi boca omite;
mentiré tan solo, que ya no te quiero.
sangrante y taciturno, ambulatorio,
parte este grito del oscuro invierno
en el que suele anidar mi amor y mi odio.
Cuando por doquier, encuentro rasgos
de virtudes nefastas en tu rostro,
clamo clemencia: para el "YO" vencido,
clamo la justicia: casi a cualquier costo.
Siendo tu sonrisa, calidez serena,
siendo tu pasado, crueles terremotos.
Siendo yo un esclavo de mis sueños rotos,
quiero ser futuro que drene tu pena.
Pero así, querida, no puede mi magia...
si en tus soledades, no está mi recuerdo...
si tus alegrías de hoy, yo me las pierdo,
si para tu amnesia, solo soy nostalgia.
No puedo o no quiero, no sé, no preguntes
apenas si atisbo a hallar un consuelo
para la mirada que alteró mi vuelo.
Esa, tu mirada, que en mi, no se extingue.
Y siempre habrá un pero, aparentemente
que trunque las vetas de amor florecientes,
porque ya he asumido ser sobreviviente,
porque en vos se cierne la culpa sirviente.
No llegará nunca ya, ese momento,
que a glosa lampiña, la verdad te grite,
diciéndote aquello que mi boca omite;
mentiré tan solo, que ya no te quiero.
Juan Mario Leivas


No hay comentarios:
Publicar un comentario